Celestiales cruzadas de pájaros
huyen de tu árbol
con el amanecer a cuesta,
sin culpa por habérselo robado,
lo atesoran detrás de los ojos de la luna
que hoy ruedan en tu acolchado.
La lluvia teje carnales deseos
en dos cuerpos troquelados
que unifican las formas.
Se deslizan tus manos por mi vientre,
se afirman en los huesos
tu boca deteniendo el tiempo
regando de manantial sereno
mi cuerpo que se abre.
Suaves pieles que se respiran
Se entrelazan en océanos profundos
de caricias guardadas
emprendiendo vuelo
desvistiendo almas.
Los pájaros satisfechos
traen el sol,
lo posan en la almohada.
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