Las canillas no gotean,
ni el aroma del café de las mañanas
sale por las alcantarillas a despertar la ciudad,
los vidrios no se empañan en ningún café de tardes de lluvias.
No hay adoquines que atrapen suelas gastadas.
Un río mudo se balancea en las profundidades de tu estómago.
Salen de las postales colgadas en la heladera,
los barcos, tirados a la sal
Desaparezco en mi, flotando en pieles,
El sonido repetitivo del flash se clava entre las nubes,
dilatando mis pupilas
Pequeñas alimañas se trepan a mis pies
succionando el esmalte
Mis brazos se extienden abrazando el agua,
Con un cuarto de sol que me robo
Me acuno en islas de cemento.
Adherida a la brea,
Soy solo una calle más.
Las plagas se comen los restos de tu cara,
interceptando el cielo,
obteniendo un nuevo flash.
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