Un piano que se desarma en mi copa de vino tinto,
Un hielo flotando entre noches
Un cuerpo en mi cama que me voy fumando
Salto de violines, la voz entrando profunda
Mezclándose con el sudor de mi cuerpo,
entre mis manos y mis gemidos.
Se aleja, desapareciendo en el humo.
Un parpadear de ojos tan inocente,
incapaz de ver el cambio que causará.
Cables enredados entre rock and roll y pájaros,
y el agua que no deja de fluir.
Mis tacos adquieren brillo,
la noche los magnifica.
Caen los altares de calle San Luis,
el horizonte inmenso se materializa.
Una voz sucia y desprolija,
Le da tono al cuerpo.
El silencio no para de hablar.
El vacío deja su carta de despedida en mi mesa,
Tal vez algún día la lea.
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